Como los hidalgos que acompañan la ribera del Duero, desde Toro a Portugal y finalizando en Salamanca, recorremos los caminos que serpentean las aventuras del río, en la más selecta caballería de dos ruedas. La travesía comienza en la histórica ciudad de Toro, escenario de importantes hechos históricos, donde se conservan algunos de los mejores ejemplos de arte, arquitectura civil y religiosa de España; que sorprende con una experiencia culinaria a los paladares más exigentes con su gastronomía y sus vinos. Con rumbo oeste, vivimos un viaje experiencial por el patrimonio, la cultura y la naturaleza; hasta cruzar la frontera portuguesa donde viviremos una inmersión en la historia y gastronomía lusa. El paisaje irá mudando a una orografía más agreste a medida que nos acercamos a la frontera. Es allí donde el Duero se encañona entre paredes casi verticales para dibujar la línea entre los dos países, dando vida al Parque Natural de los Arribes del Duero en la zona zamorana y de Las Arribes del Duero en la parte salmantina. Siguiendo hacia el sur nos adentraremos en el paisaje serrano de la Sierra de Francia, un escenario a caballo entre la meseta norte y el límite extremeño de frondosidad extrema. Desde Portugal a Salamanca nuestro recorrido seguirá la ruta marcada por los antiguos pueblos fronterizos y sus construcciones defensivas. Contracorriente al río atravesaremos los pueblos y paisajes serranos y el infinito Campo Charro para llegar a Salamanca, tierra de cultura y leyendas.

Nuestro viaje comienza en Toro, una ciudad histórica erguida en una atalaya natural donde las riberas del Duero bañan su fértil vega. Recomendamos visitar algunas de sus bodegas más emblemáticas donde se extienden los viñedos de la Denominación de Origen Toro que tanto reconocimiento está alcanzado dentro y fuera de España.

Por la mañana, partimos con nuestra moto a buscar los tesoros que esconden las tierras zamoranas y descubrir los rincones, calles y paisajes que guardan con orgullo. Nuestra ruta pasa por la afamada localidad de Fuentesaúco, ubicada en un lateral del valle del río Guareña, asentada a 803 metro de altitud sobre una suave ladera que desciende hacia el curso del Arroyo de San Pedro y donde podremos ver la iglesia de Santa María del Castillo del siglo XVI. Seguimos hacia las localidades vallisoletanas de Castronuño, rodeado por el meandro más grande que describe el río Duero; y Alaejos, distinguido por sus dos iglesias mudéjares. El trayecto culmina en el Ojo del Duero “Ocelo Durii”, nombre con el que fundaron los romanos la ciudad de Zamora. En esta ciudad medieval considerada la ciudad del Románico por tener el mayor número y calidad de templos románicos de Europa, disfrutaremos de una visita guiada en privado para revivir su historia desde la época romana hasta la actualidad. Con el más privilegiado cicerón accedemos a todos los rincones ocultos de la ciudad y descubrimos los estilos arquitectónicos que la conforman, desde el irrepetible románico policromado hasta el modernismo, pasando por el mudéjar y el gótico.

El arte de viajar en moto

En el día de hoy dejamos atrás las yermas tierras castellanas para adentrarnos en el territorio luso. El recorrido lo realizamos la mayoría del tiempo por el Parque Natural Arribes del Duero, un espacio natural protegido que destaca por la belleza de su paisaje granítico y la vegetación repleta de encinas y enebros. Es una zona idónea para el cultivo de la uva, en la que destaca la variedad Juan García, empleada para elaborar excelentes vinos bajo la Denominación de Origen Arribes del Duero. Conducimos hasta una de las “joyas de la corona” de la frontera llamada Miranda do Douro, una ciudad fortificada y situada sobre el precipicio del cañón del río Duero. En el recorrido hacemos una parada para disfrutar de una agradable conversación con una familia que explica el proceso que ha vivido la España vaciada vivida en la zona. Paramos a comer en Fermoselle donde disfrutamos de la comida tradicional surgida de las influencias española y portuguesa. Fermoselle es una encantadora villa medieval “encaramada sobre peñascos cual para ver cómo se abrazan Tormes y Duero” como dijo Unamuno. Después nos dirigimos al cañón de las Uces para ver una de las cascadas más bellas de toda la Península, el Pozo de los Humos, donde el agua cae desde una altura de más de 50 metros y aparece una capa de vapor sobre el terreno rocoso. Dejaremos Catilla y León atrás al pasar por La Fregeneda, una villa que cuenta con un rico pasado histórico y entraremos a Portugal por el puente internacional que se sitúa sobre el río Águeda.

Al día siguiente despertamos en tierras portuguesas y tuvimos todo el día para disfrutar de las maravillas que nos ofrecen sus tierras. Pudimos conducir un Polaris Power, una experiencia de pura adrenalina en los Polaris 1000 de 4 plazas dirigido por un piloto experimentado, donde recorrimos fantásticos senderos alrededor de la Villa Histórica de Marialva entre almendros, olivos y un gran viñedo. También disfrutamos de un picnic gourmet en el corazón más oculto de la naturaleza, en medio de un viñedo y desde donde vimos la puesta de sol. Por la noche cocinamos con Carmen, la dueña del hotel que compartió con nosotros toda su sabiduría culinaria; al final nos sentamos juntos a la mesa a disfrutar de nuestro aprendizaje gastronómico.

El cuarto día de viaje salimos hacia la aldea histórica de Marialva, una ciudad marcada por su ubicación sobre un monte rocoso que fue sucesivamente invadida por romanos, visigodos, árabes y castellanos. Habitada desde el siglo VI a.C. Marialva sorprende por sus calzadas medievales rodeadas de paredes y puertas góticas que conducen a una pequeña plaza en la que se encuentran los antiguos calabozos y el tribunal. Seguiremos por Figueira de Castelo Rodrigo cuya importancia se remonta al reinado de Alfonso IX de León, cuando reconquistó este territorio a los musulmanes y creó una serie de fortificaciones a lo largo del río Côa. Continuamos hasta cruzar la frontera de vuelta a España dentro del parque Natural de Las Arribes del Duero en la provincia de Salamanca. A tan solo 15 minutos de la frontera paramos en Siega Verde, una de las mayores galerías de arte rupestre al aire libre de toda Europa. En este magnífico paisaje, sobre las rocas de pizarra, artistas del Paleolítico Superior y de época Finiglaciar dejaron inmortalizadas para siempre sus huellas en forma de animales y signos abstractos, expresando la fuerza y la perennidad del arte. Estas representaciones realizadas a lo largo de un dilatado período de tiempo han perdurado desde hace unos 20.000 años hasta la actualidad que han sido proclamadas Patrimonio de la Humanidad. Después fuimos a Ciudad Rodrigo, una ciudad con importancia estratégica y con numerosos edificios defensivos, por lo que fue nombrada Conjunto Histórico Artístico en 1944. Por una carretera que se adentra en la montaña llegaremos a un enclave cuyo nombre denota su origen árabe, La Alberca y fue el primer pueblo español declarado Conjunto Histórico Artístico en 1940. Aparcamos en el parking de la entrada de la ciudad y visitamos el pueblo que inspiró a Sorolla en su lienzo Castilla, la fiesta del pan, hoy expuesto en la Hispanic Society de Nueva York. La Alberca no tiene grandes monumentos ni opulentos palacios, su encanto procede de la arquitectura serrana tradicional, de las viviendas de agricultores, ganaderos o artesanos; Castilla y León en su pura esencia. La plaza Mayor es el centro neurálgico, cuyas casas porticadas se sustentan sobre columnas de granito ofreciendo un escenario popular, entre cervantino y goyesco. Hacemos una parada para comer en este maravilloso pueblo antes de ascender por una carretera sinuosa dejando atrás masas de robles y pinos, hasta la cumbre de la Peña de Francia (1723 metros), donde se encuentra el santuario dominico que acoge a la Virgen Morena y desde donde la vista se pierde 360 grados en el horizonte, hasta divisar las tierras extremeñas. Finalizamos el día en Ciudad Rodrigo donde nos alojamos en el que fue el Castillo de Enrique II de Trastámara.

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Después de un amanecer digno de reyes pasemos por Ciudad Rodrigo. La ciudad guarda destacadas construcciones declaradas Bien de Interés Cultural, piezas de gran valor y un sabor de tiempos pasados que quedaron encerrados en los muros de sus murallas. Entre todos ellos cabe destacar de modo especial, la Catedral de Santa María y las murallas. Cabe señalar que la importancia estratégica de la plaza de Ciudad Rodrigo justifica la existencia de un sistema defensivo tan cuidado desde la época medieval. Sin embargo, ese primitivo recinto medieval fue completado en el siglo XVIII con el sistema de baluartes, revellines y fosos que son los que le confieren ese perfil estrellado a la fortificación, siendo una de las pocas fortalezas españolas con influencia del estilo Vauban. Al terminar, salimos en dirección a San Felices de los Gallegos mezcla histórica gallega, portuguesa e incluso fue cuartel general de los franceses durante la Guerra de la Independencia. Seguidamente ponemos rumbo a Yecla de Yeltes para sitiar la importante ciudad prerromana de la tribu de los Vetones que, junto a los restos arqueológicos hallados, lo convierten en el castro más importante de los poblados de la penillanura salmantina. Llegamos a Vitigudino, lugar de nacimiento del famoso torero de los sesenta El Viti y donde entre sus solariegas casas destaca su Iglesia Parroquial de gran belleza. Por último, llegamos hasta Topas donde se sitúa nuestro alojamiento de nuestra última noche, un castillo del siglo XV que mantiene armaduras, tapices y la chimenea mudéjar del siglo XVIII. Una vez preparados, nuestro conductor privado nos llevará a Salamanca para disfrutar de una cena en un restaurante de estrella, para terminar el día en las torres de la Catedral de Salamanca en exclusiva para nosotros, con las mejores vistas de la ciudad.

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Nuestro último desayuno lo disfrutamos en las antiguas caballerizas de la fortaleza del alojamiento antes de conocer el Castillo del Buen Amor en profundidad. En medio de una dehesa de 116 hectáreas y rodeado de encinas, alcornoques, pinos, viñedos y almendros, se encuentra este castillo-palacio del siglo XV construido sobre una fortaleza anterior del siglo XI. La tradición popular denominó al castillo ‘Del Buen Amor’ por ser la morada del Obispo Don Alonso de Fonseca Quijada, de su amante Doña Teresa de las Cuevas y de los cuatro hijos que tuvo con ella. El castillo conserva muchos de sus elementos originales y una decoración acorde con las características del edificio. Así será el último verso de la poesía de nuestro viaje. Recomendamos visitar una granja de cerdos ibéricos o realizar una visita en la ciudad de Salamanca por el Barrio Antiguo cuyas calles están envueltas en el inmenso legado de la historia que guarda entre sus antiguas piedras.

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