Descubriendo la frescura y el sabor del Mediterráneo

Rincones perdidos y sabores mediterráneos esperan a ser descubiertos en Croacia y Montenegro, dos de los destinos más deseados y desconocidos de Europa. ¿Nuestro objetivo? Explorar el terreno para crear un viaje espectacular para un grupo de 150 personas, celebrando la llegada de la ansiada normalidad y el maravilloso hecho de poder volver a viajar juntos.

Emprendimos nuestro viaje con la perspectiva de que el programa por Croacia iba a ser cultural y no tan enfocado al lujo, centrado únicamente a las experiencias y las actividades que pudiéramos realizar en Dubrovnik. Sin embargo, nada más aterrizar la sensación fue muy positiva; sabíamos de antemano que el país estaba abierto al turismo desde hace meses, pero no imaginábamos que fuera a estar funcionando con tanta normalidad. Sin mascarillas y sin restricciones en calles y restaurantes, parecía que habíamos vuelto a la época anterior a la pandemia, se respiraba una libertad en el ambiente a la que, si bien sorprendía, nos acostumbramos rápidamente.

Recorrimos la ciudad amurallada de Dubrovnik, una visita imprescindible, y aunque encontramos a muchas personas paseando por las calles, la reducción en el número de cruceros que llegan a la ciudad era palpable, y es que las aglomeraciones han desaparecido completamente, lo que supone un gran punto a favor. La ciudad, que sigue manteniendo un encanto único, ha evolucionado con los años, perfectamente conservada y tan bonita como siempre, si bien la modernidad ha llegado a todos sus rincones, y es que ahora es un paraíso para los amantes de Juego de Tronos, ya que el rodaje de la serie la ha convertido en el escenario de una serie que, combinada con toda la belleza que tiene que ofrecer, no dejó indiferente a nadie.

Cabe destacar que, aunque Croacia es famosa por sus costas, no es un destino de playa, algo que suele sorprender a todos los nuevos visitantes, lo que no implica que no podamos disfrutar de sus aguas, conocidas por sus colores únicos y espectaculares. Dado que las playas son de roca o de piedras, muchos hoteles cuentan con plataformas cuyas escaleras nos dan acceso directo al mar. Esto se traduce en una experiencia de baño muy interesante, y es que sumergirse en sus aguas completamente cristalinas es un placer, aunque no lo hagamos desde la arena.

Y no podíamos olvidarnos de la experiencia estrella de Croacia, la navegación. Es un destino que invita a coger un velero, un yate o un catamarán y poner rumbo hacia alguna de sus islas. Debido al tiempo limitado con el que contábamos, nuestro día completo de navegación se centró en las islas Elafitas, cercanas a la zona de Dubrovnik. En nuestro recorrido tuvimos la oportunidad de realizar varias paradas en las diferentes islas para disfrutar del baño y de diversas actividades acuáticas como kayak, paddle surf o snorkel, que son los puntos fuertes de las aguas del país. Un maravilloso día que completamos con el almuerzo en un beach club de la zona.

Tras los dos días de prospección en Dubrovnik, pusimos rumbo a Montenegro. Si bien existía cierta preocupación a la hora de cruzar la frontera, por las posibles aglomeraciones de vehículos y controles de seguridad, no tuvimos ningún problema, simplemente con nuestro DNI pudimos realizar el cambio de país de manera simple y rápida. Nada más entrar en Montenegro, nos sorprendió el paisaje que nos esperaba, y es que, aunque tiene ciertas similitudes con el de Croacia, las zonas de puerto son mucho más nuevas y se encuentran mejor cuidadas, debido al reciente desarrollo turístico del país.

A bordo de un ferry, cruzamos la bahía en apenas 10 minutos, llegando a nuestro hotel, situado en Puerto Montenegro; un alojamiento perfecto, no solo por la decoración y temática marinera que se funde con el entorno, sino por su ubicación, y es que si salimos caminando de él encontramos el paseo del puerto, perfectamente cuidado con impresionantes embarcaciones de lujo, infinidad de restaurantes, bares y terrazas, además de una avenida repleta de exclusivas tiendas, ideal para realizar nuestras compras. Es por ello por lo que no tuvimos que irnos lejos para disfrutar de la cena en un restaurante cercano al hotel, cuya gastronomía era excepcional.

Al día siguiente, conocimos uno de los enclaves más maravillosos de Montenegro, la bahía de Boca, donde se encuentran los pueblos de Perast o Kotor. En este día de navegación, y antes de poner rumbo al primero de ellos, conocimos la famosa Island of the Rock, una pequeña isla situada en la bahía, para después continuar hasta el pueblo pesquero de Perast, lleno de encanto, que pudimos visitar y donde disfrutamos de un delicioso almuerzo a base de pescados y mariscos. Continuamos navegando hasta Kotor, una de las ciudades más espectaculares de Montenegro con su estética medieval, y mientras hacíamos la entrada por mar pudimos apreciar las impresionantes murallas que rodean las montañas del lugar. Descubrimos su catedral e iglesias ortodoxas, y en una de ellas tuvimos la oportunidad de disfrutar de un concierto con un coro ortodoxo antes de comenzar la visita a la ciudad. Conocimos también el pueblo de Budva, donde encontramos una pequeña ciudad amurallada con mucho encanto, y descubrimos la ubicación perfecta para realizar la cena de gala del grupo, y es que entre sus murallas se encuentra la Ciudadela, un enclave único y espectacular en el que organizar una cena al aire libre con temática medieval.

Pero no todo es historia en Montenegro. Hace tres meses se inauguró Nikki Beach Club, y su fama no se ha hecho esperar, por lo que, al día siguiente y, a bordo de una lancha rápida, nos desplazamos desde el puerto hasta el embarcadero del Club, preparados para una mañana divertida y de relax. Una vez allí, disfrutamos de nuestra cama balinesa y unos mojitos mientras un saxofonista amenizaba el ambiente a ritmo del DJ.

Una mañana discernida y entretenida, entre baños en la piscina y en el mar, con barra libre, aperitivos y comida dentro del club para celebrar que estábamos todos juntos y que volver a viajar es posible. Ya de vuelta, y para la cena de despedida, en el propio Puerto Montenegro, elegimos un espectacular club de yates, donde pudimos disfrutar de la velada con incomparables vistas a la bahía. Fue el broche de oro para un viaje único repleto de nuevos descubrimientos.

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