ESCOCIA

Llega el otoño a esta tierra de cuentos y leyendas, y sus paisajes empiezan a transformarse. Si bien la temporada idónea para visitar Escocia comienza en abril, es en septiembre y octubre cuando el verde perenne que inunda valles, lagos y montañas se tiñe de ocre y cobre y convierte los frondosos bosques en verdaderos espectáculos de color.

Con el fin de experimentar la autenticidad de la vida escocesa, nos alojamos en una mansión privada de la época victoriana, que se alza en el corazón de las Highlands. Este territorio, indómito y pintoresco, es el verdadero símbolo de Escocia, con imponentes montañas, solitarios valles y antiguos bosques de belleza infinita.

Empezamos nuestro recorrido adentrándonos en el Parque Nacional de Loch Lomond, donde encontramos el lago más grande de Gran Bretaña. Sobrevolamos sus aguas salpicadas de pequeñas islas en hidroavión, descubriendo a nuestro paso los castillos y ruinas megalíticas que se elevaban en sus orillas.

Pero el Lago Lomond daba para mucho más, ya que, finalizado nuestro vuelo, nos dieron la oportunidad de disfrutar de una jornada de pesca junto con un chef profesional que nos preparó al momento lo que pescamos ese día. ¿Qué mejor forma de disfrutar de la gastronomía local?

Durante nuestra estancia, también participamos en proyectos de recuperación del ecosistema, cooperando con el crecimiento de la flora y la fauna escocesa. Tuvimos así la oportunidad de devolverle a la bucólica naturaleza del lugar una mínima parte de todo el esplendor con el que nos recibió, contribuyendo a evitar la extinción de la magia de estas tierras.

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JORDANIA

Rojo y ocre bañan la cultura, la historia y la identidad de este místico país. Tonalidades de la época otoñal que, con temperaturas suaves y noches frescas, se convierte en el momento ideal para conocer esta región de Oriente Medio.

Atravesando el Siq, un estrecho y sinuoso cañón, rodeado de acantilados con paredes de arenisca rosada e impresionantes formaciones rocosas, descubrimos el tesoro más preciado de Jordania, Petra. Esta ciudad rosa, esculpida y excavada en la tierra en el siglo I, nos dejó sin aliento con su belleza sobrecogedora, y es que nadie estaba preparado para presenciar, en primera persona, la unión perfecta entre la fuerza de la naturaleza y el genio humano. Aquí descubrimos, además, el teatro romano y otros imponentes monumentos erigidos por el pueblo Nabateo, y vivimos una experiencia única en la vida, degustar un delicioso almuerzo privado en una de las cuevas más escondidas de estas ruinas.

Avanzamos por el Antiguo Camino de los Reyes, un memorable recorrido por Tierra Santa, que nos llevó hasta el desierto de Wadi Rum. Aquí, los beduinos nos acompañaron en jeeps para realizar una excursión por este océano de arena roja, para descubrir las trazas de la antigüedad que aún se reflejaban en las montañas y rocas caídas. Tuvimos, además, la oportunidad de contemplar la inmensidad del desierto en globo, mientras los más aventureros surfeaban por las colinas de arena sobre un sand board.

Al atardecer, hora mágica del día, tuvimos la suerte de disfrutar de un plato local mientras el sol se escondía entre las dunas doradas, intensificando cada color y cada sensación que este desierto nos ofrecía. Pero el Valle de la Luna aún guardaba un secreto, una imagen que solo podríamos admirar cuando la oscuridad llegara y un manto de estrellas infinito se cerniera sobre nosotros, disfrutando de una clase de astronomía, para conocer de primera mano la maravilla que el cielo nos regalaba esa noche.

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GUATEMALA

Guatemala son sus paisajes con volcanes que se resisten a apagarse, montañas y pirámides mayas. Es una herencia de raíces amerindias, la riqueza cultural de un pueblo de costumbres ancestrales, con mercados indígenas repletos de colores y ciudades de aroma colonial.

Si bien la Ciudad Maya de Tikal es el destino turístico por excelencia de Guatemala, al norte de este complejo, dentro del Parque Nacional de Tikal, se encuentra el Parque de Uaxactun, una de las ciudades del imperio mejor conservadas en la actualidad. En este yacimiento, que se encuentra en el corazón de la Reserva de la Biosfera Maya, realizamos un interesante recorrido arqueológico. Entre sus edificaciones milenarias, divididas en diferentes complejos, destacaban el Grupo A, el más monumental de todos ellos con 34 edificios, una acrópolis y varios palacios y plazas, y el Grupo E, con templos construidos de norte a sur que funcionan como un observatorio astronómico.

Pero Guatemala no solo es la cuna de la civilización maya, es tierra de volcanes y, desde el Pacaya hasta el San Pedro del Lago Atitlán, era imposible perderse la vista de estos gigantes de la naturaleza recortando el horizonte. Conscientes de donde estábamos, decidimos ascender al Pacaya, uno de los pocos que aún se mantiene activo, sabiendo que la tierra burbujeaba bajo nuestros pies.  La subida, a través de la frondosa vegetación, requirió cierto esfuerzo, pero poder observar la cima del volcán desde su ladera, con su perenne emisión de humo hacia el cielo azul, compensó cada etapa.

Tras estas experiencias, la tranquilidad llegó a nosotros con el espectacular Lago Atitlán. Descrito por Aldous Huxley como “el lago más bello del mundo”, es un espejo que refleja en sus aguas el cielo y los volcanes que se yerguen en sus orillas. Descendimos en kayak para después emprender una caminata por el Cerro del Oro, en cuya cima disfrutamos de un delicioso picnic, mientras admirábamos las vistas que nos regalaba ese momento.

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