Cuando se habla de Namibia, inmediatamente nos vienen a la cabeza imágenes de las gigantescas dunas rojizas de Sossusvlei, en el Parque Nacional Namib- Naukluft, situado en el que se considera el desierto más antiguo del mundo. Y, sin duda, este es uno de los mayores atractivos del país, pero Namibia tiene mucho más que ofrecer.
La subida a su Duna 45 que, sin ser la más grande, es la más accesible y famosa, nos regala unas vistas espectaculares del desierto, que pueden serlo aún más si nos animamos a realizar un vuelo panorámico en globo, una experiencia difícil de olvidar.
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Imprescindible es también la visita a Deadvlei, donde los troncos petrificados de las acacias que emergen de su blanca superficie salina, en contraste con el cielo azul y las arenas rojizas que lo rodean, hacen que instintivamente miremos nuestro reloj para comprobar que no está derretido y nos hallamos dentro del cuadro La Persistencia de la Memoria de Salvador Dalí.
Deadvlei - La Persistencia de la Memoria de Salvador Dalí.
Con una superficie mayor que la de España e Italia juntas y una población de poco más de 2 millones, en Namibia no es muy difícil conducir durante horas sin cruzarte con otro vehículo.  Al tratarse de un país seguro y con una buena red de carreteras, esta es una de las maneras que tenemos de recorrerlo y disfrutar así de un camino en el que nos cruzaremos con esbeltas mujeres himba y sonrientes mujeres herero vestidas con sus coloridos vestidos de estilo victoriano e inconfundibles sombreros.

Otra forma de descubrir este país sería en avioneta, si queremos aprovechar al máximo el tiempo o nos dirigimos a lugares remotos como el espectacular cañón del río Fish, el más grande de África, al sur del país, o las famosas cataratas Epupa, en el extremo norte.
Además, desde la avioneta, tendremos la oportunidad de vislumbrar los numerosos restos de barcos que naufragaron en la escalofriante Costa de los Esqueletos, donde la fría corriente de Benguela da lugar a densas nieblas oceánicas que, combinadas con el fuerte oleaje, convertían la zona en una trampa mortal para la navegación. No en vano, los primeros descubridores portugueses del siglo XV, bautizaron este lugar con el nombre de “Las puertas del infierno”.
Nambia, tierra, mar y aire
Pero esa misma corriente es, por otro lado, muy rica en plancton, lo que hace de la costa namibia uno de los mejores caladeros del mundo y un santuario de fauna marina.
Para admirarla, desde la pintoresca localidad de Walvis Bay se embarca en un catamarán que nos lleva hasta Pelican Point, donde nos encontramos con una gigantesca colonia de focas rodeadas de pelicanos, delfines y, si hay suerte, alguna ballena.  Y para terminar el día, podemos degustar sus fantásticas ostras en algún restaurante de la preciosa ciudad de Swakpomund, con su inconfundible arquitectura de estilo colonial alemán y sus bares donde degustar jarras heladas de auténtica cerveza bávara.
fauna marina de Namibia
Y para los amantes de los safaris, Namibia cuenta con una de los mayores santuarios de vida salvaje de todo el continente: el Parque Nacional Etosha. Su nombre significa “el gran lugar blanco”, debido al inmenso lago salado seco que alberga, y es el hogar de cientos de especies como cebras, chacales, avestruces, gacelas, ñus, jirafas, guepardos, leones, elefantes, leopardos, rinocerontes y el considerado animal nacional: el órice de El Cabo u órix, para los amigos.
elefantes en Namibia
El órice de El Cabo u órix de Namibia
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